Antes de hablar especialmente de este arquetipo tenemos que explicar qué definió Carl G. Jung, desde su teoría, como arquetipos. El sostenía que son como la forma fundamental o primordial que se halla en la base de una serie de individuos similares, humanos, animales o vegetales. De esta forma, arquetipo significa: modelo o patrón subyacente a partir del cual se configuran las copias o se despliega algo. Son los residuos psíquicos de infinitas vivencias. El arquetipo no es otra cosa que la expresión psíquica del instinto, por lo que ambos, arquetipo e instinto, constituyen el criterio de lo inconsciente colectivo.
Es importante destacar que una imagen, una figura o una acción no es el arquetipo en sí, solo es lo que se manifiesta de éste a través de una determinada manera. Por ejemplo: las imágenes o íconos de las madres en las religiones no son el arquetipo de la madre universal, son solo la manifestación del arquetipo de la madre universal. El arquetipo es solo forma y energía, por lo que una imagen es únicamente una manifestación de éste.
En particular el arquetipo de la sombra además de ser inconsciente es por definición el depositario, entre otras cosas, de todos nuestros aspectos oscuros, es decir, de todas aquellas cualidades que no aceptamos de nosotros mismos. La agresividad, la vergüenza, la culpa, los celos, la envidia, la ira, los deseos negativos tales como: robar, matar, castigar, transgredir en alguna de las muchas formas en que se puede hacer, y un largo, largo etcétera. Está conformado también por aspectos instintivos relativos a los momentos en que para la humanidad sobrevivir era esencial y lo cotidiano.
Para dar un ejemplo de algunas cualidades de la Sombra voy a citar el título de una novela que es probable que Ud. haya leído, visto alguna de las películas que se hicieron basadas en ella o por lo menos escuchado mencionar. Me refiero a la creación de Robert Louis Stevenson, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. En la misma el personaje denominado Mr. Hyde era la Sombra encarnada del Dr. Jekyll. Un ser malvado, sin el menor asomo de control de sus instintos, capaz de matar o torturar sin que se le moviera un cabello. Este individuo, Mr. Hyde, era el depositario de todo aquello que el Dr. Jekyll no reconocía como propio, de todos sus aspectos oscuros. La novela, publicada en 1886, no tiene desperdicio y tiene total vigencia porque, desde el marco teórico que utilizamos para escribir este artículo, la Sombra, es decir, el Mr. Hyde de nuestro ejemplo, es plausible de ser visto de manera cotidiana en cualquiera de los contextos en que nos movemos.
Si prestamos atención veremos permanentemente ejemplos de la Sombra no solo en los otros sino que, si afinamos más nuestra mirada y atención, también la descubriremos en nosotros mismos. ¿De qué manera?, bueno, por ejemplo: cuando empezamos a ver y a criticar en el otro cuestiones mencionadas más arriba, tales como los celos, la envidia, la ira, el malestar, el enojo, la pereza, las transgresiones y en particular cuando, cualquiera de estas cuestiones, nos llevan a una crítica vehemente, cargada de enojo, estamos funcionando bajo el poder de nuestra Sombra. El mecanismo usado en estos casos es el denominado Proyección. Es decir, proyecto en otro aspectos propios que no quiero reconocer como tales.
Jung decía al respecto: “Cada uno de nosotros proyecta una sombra tanto más oscura y compacta cuanto menos encarnada se halle en nuestra vida consciente. Esta sombra constituye, a todos los efectos, un impedimento inconsciente que malogra nuestras mejores intenciones”.
Hasta aquí hemos, de alguna manera, definido someramente que son los arquetipos y hemos hablado de uno en particular: la Sombra. Ahora bien, que relación tiene todo lo dicho hasta ahora con el mundo de las Organizaciones, de las Empresas. Ese mundo en donde muchos de nosotros pasamos muchas y largas horas de nuestra vida, dando nuestro ser profesional a cambio de un salario más o menos coherente con nuestro dar. En verdad tiene mucho que ver porque, básicamente, las Organizaciones y Empresas están conformadas por personas, por individuos que trabajan, que trabajan adentro de un edificio o afuera pero siempre relacionados con ellas.
Ya sea el administrativo que está dentro de la Empresa o el vendedor que está recorriendo sus clientes está conectado desde su psiquismo con ella. La Empresa es ese lugar al que todos los días debe concurrir para poder entregar sus servicios, su ser profesional y ésta le dará, en general a fin de mes, un salario a cambio. La Empresa es un lugar de vínculos, de todo tipo de vínculos, de relaciones con otras personas, de intercambios múltiples con otros que muchas veces no son de nuestro agrado pero con los que debemos compartir, con los que debemos convivir ese espacio de diez o doce horas diarias. Es un lugar en donde se movilizan increíbles cantidades de afecto y de energía psíquica de signos y grados variables, por lo que la aparición de la Sombra no puede faltar.
Entonces, si el lugar a donde vamos a trabajar tiene estas características y nadie de los que se encuentran allí puede despojarse de su Sombra personal, no es insensato pensar que, así como todos los miembros de una Organización conforman una cultura organizacional, también estos mismos miembros, desde el de mayor jerarquía al de menor, pueden conformar una Sombra Organizacional como producto de una sumatoria de las sombras personales.
Esta Sombra Organizacional es parte de la “personalidad” de la organización y es muy interesante ver como funciona. También aquí el mecanismo es el de Proyección. Un jefe que reprende de manera muy negativa a un colaborador, una contienda entre colaboradores de la misma área o de distintas áreas, las discusiones y a veces peleas, con los proveedores, las acusaciones cruzadas entre unos y otros, las críticas y comentarios malintencionados entre pares de jerarquías gerenciales, las relaciones entre la organización y algunos de sus clientes, las relaciones de competencia con otras organizaciones del mismo rubro, las críticas entre las áreas de producción y las comerciales, las cazas de brujas que a veces se realizan entre los empleados, etc. Solo hay que afinar el oído y la vista y será muy fácil detectar cuando la Sombra trabaja a la par de los individuos que conforman una Organización.
¿Cuántas veces, metafóricamente hablando, hemos visto a Mr. Hyde hacer su despliegue en estos ámbitos, andar deambulando por los pasillos de las Empresas?. Es probable que en varias oportunidades lo hayamos visto, encarnado en los distintos individuos que “habitan” en las Organizaciones.
Si Ud. ha decidido trabajar en Consultoría Organizacional o como Counselor Organizacional, debe estar atento a la aparición de la Sombra en la Organización en donde desempeñe su actividad. El poder reconocer la Sombra le permitirá trabajar desde cierto lugar de privilegio debido a que, al tener el conocimiento de su existencia y funcionamiento, podrá tratarla de manera adecuada. Claro, Ud. preguntará: ¿y cual es la manera adecuada para tratar la Sombra?.
Bueno, en principio no debe considerarla un enemigo suyo o de su tarea, debe identificarla y entenderla como una de las variadas expresiones humanas en los ámbitos en donde existen seres humanos en interacción. Al no percibirla como su enemiga y conocer cuales son sus intenciones estará en una posición de privilegio para poder leer o interpretar cual es el motivo de la aparición e inclusive utilizarla a su favor, es decir, para poder hacer el trabajo para el que fue contratado.
Debe poder distinguir entre la Sombra personal, la de los individuos con los que trabaja, y la Sombra organizacional la que proyecta la Organización. La Sombra personal tiene un modo discursivo que tiende a proyectar en otro lo personal, en general se dirige a otro desde uno mismo. En cambio la Sombra organizacional antepone a la Organización o habla en nombre de la Organización.
Por ejemplo: la Sombra personal podrá decir: “Claro, ahora que pudo escalar a esa posición ni nos mira, quién se cree que es, superman. Siempre fue un pobre diablo y ahora míralo, fíjate como se viste, ¿quién se cree que es, un artista...?”.
En cambio la Sombra organizacional dirá frases tales como: “Nosotros en esta Organización no queremos personas como Ud, que solo piensa en su propia quinta, aquí somos un grupo, un equipo de trabajo. Ud. es un individualista, no piensa en el resto de nosotros...”.
Ambos discursos deben ser vehementes, encendidos, cargados de emociones negativas. Es muy importante tener en cuenta los modos actitudinales que adopta la persona que está proyectando su Sombra, siempre tienden a afirmar el discurso con gestos y conductas que son consecuentes con lo expresado. Hay una cierta actitud de violencia, que puede ser encubierta o manifiesta. Cuanto más expresividad negativa se utilice, cuanto más enojo se ponga en escena, más fácil es identificar que quién se expresa es la Sombra. En algún punto estos discursos suenan irracionales, el consultor lo siente de esta manera. Esa que habla es la Sombra.
Algunos autores sostienen que la Sombra puede presentarse también como un exacerbado discurso de admiración, de afecto, de amabilidad, de reconocimiento, etc. Son aquellos discursos en que se habla tan bien de otro que hace pregunta. En estos casos es probable que el discurso sea por oposición. Este modo de la Sombra se puede ver y escuchar entre los políticos o los altos empresarios, hablando de sí mismo o de otros colegas con “gran respeto”.
Parece que la Sombra, para estos autores, muestra estos dos aspectos, uno de cierto grado de violencia y otro de excesos de halagos. Ud. seguramente habrá escuchado o usado la frase: “Se tiran con flores”, bueno, algo de esto ocurre con la Sombra en discursos exageradamente halagadores.
También es muy importante que el Consultor Organizacional o el Counselor Organizacional aprenda a trabajar su propia Sombra, tratando de estar atento a las proyecciones que pueda hacer de lo propio, lo no reconocido como tal, en otros. La misma atención que debe prestar hacia los otros debe prestarse a sí mismo y cuando detecte que tiene un discurso similar a los expresados más arriba, debe poder pensar que le está pasando en ese momento, si quién se expresa de esa manera, es él en pleno dominio de su discurso o es su Sombra la que habla y domina. El trabajo con la Sombra tiene relación con las tres premisas rogerianas.
Habrá mayor congruencia en la persona cuanto más integrada esté su Sombra, cuanto más aceptemos nuestros aspectos oscuros, y aceptarlos significa reconocerlos en uno mismo, evitando proyectarlos en otros. También las otras dos premisas, la empatía y la aceptación positiva incondicional, podrán fortalecerse a partir de poder enfrentar a la Sombra personal, reconocerla, admitirla como parte de nosotros mismos. Al reconocer la propia Sombra estoy aceptando mis lados oscuros que todos tenemos en mayor o menor medida. El trabajo con el mundo interior, personal, nos permitirá arrojar luz en aquellas zonas oscuras y a partir de allí podremos, no solo reconocer esa zona oscura como nuestra sino integrar lo que habita en ellas como parte de nuestro Ser.
Los dioses y los demonios son interiores, viven en nuestro mundo interior, cuando los sacamos al exterior podemos construir o destruir, y ello es responsabilidad de cada individuo que habita este mundo. Tanto el bien como el mal existen y se expresan a través de los individuos, y somos nosotros los únicos que podemos controlar qué saldrá a la superficie. Alguien dirá: “Si, claro, es muy fácil decirlo pero muy difícil hacerlo”. Sí, seguramente es así pero pensando que funcionamos dentro de sistemas integrados y que una modificación en uno de ellos modifica al resto, es posible, desde cada uno, hacer una pequeña contribución positiva al Gran Sistema.
Dice una discípula de Jung, Marie-Louise von Franz: “La sombra no constituye la totalidad de nuestra personalidad inconsciente sino que tan solo representa aquellos atributos o cualidades desconocidos o poco conocidos del ego, aspectos que pertenecen, en su mayoría, a la esfera personal pero que también podrían ser conscientes. Atributos como: el egoísmo, la pereza mental o física, la indolencia, las fantasías exacerbadas, los planes y las fabulaciones irreales, la negligencia, la cobardía, la avidez exagerada, en suma, todos aquellos “pecados veniales”, son más fáciles de ver en el otro que en sí mismo, pero los verdaderos dueños de ellos somos nosotros mismos”.
Sepa el lector que lo expresado anteriormente es solo un vuelo de superficie en lo que respecta a la Sombra, hay mucho más para indagar e investigar en este arquetipo y en su manifestación. ¿Por qué la sugerencia de investigarlo?. Simplemente porque nos puede ayudar a mejorar nuestra calidad de vida y nuestro Ser Profesional en aquello que hayamos elegido para desplegarlo.
Al final de este texto adjunté alguna bibliografía para aquellos que les interese el tema y quieran profundizar. Si le interesa hacer algún comentario a todo lo expresado aquí al final también encontrará mi dirección de mail, allí con gusto leeré sus críticas, consultas, preguntas, etc.
Parte de aceptar la propia sombra consiste en abrirse a las críticas de los otros, atreverse a pensar: “¿Y si tuviera razón en lo que dice de mí o de este aspecto mío?. La pregunta es la que abre el camino a indagar y dar una respuesta. ¿Cuáles son las respuestas más difíciles?. Aquellas que nos tenemos que dar a nosotros mismos, a partir de preguntas que tienen relación directa con nuestro Sí Mismo, con nuestro mundo interior y con aquello que no nos atrevemos a pensarlo como propio.
Bueno, recuerde, la próxima vez que haga un comentario negativo hacia otra persona o uno demasiado halagador, pregúntese quién lo está haciendo: Usted o su Sombra (que también es Usted) y, también cuando escuche algo parecido de otro. Cuando lo halaguen en demasía o lo critiquen duramente, piense en algo que decía Eric Fromm en su libro “Psicoanálisis y Religión”: “Lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro”. Gracias por su tiempo.
Angel Bransiforte
Bibliografía:
Encuentro con la Sombra, autores varios, editorial Kairós, Barcelona, 1993.
Jung para Principiantes, Maggie Hyde y Michael McGuinness, edit. Era Naciente, Buenos Aires, 1992
Jung, un mundo de imágenes y símbolos, Nestor E. Costa, Edit. C.E.A, Buenos Aires, 2006
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Una exposición clara, sencilla y que llama poderosamente la atención acerca de este fenómeno siempre presente y de gran influencia en toda persona y organización formada por personas.
ResponderEliminarTenemos un largo y laborioso camino por delante para trabajar en este proceso de integración de nuestras sombras individuales y colectivas. Los resultados demostrarán de forma contundente la necesidad y beneficios de realizar este profundo y empoderante proceso.